PALABRAS
ACCIÓN Nº 60
PALABRAS DE SAULO SALAS ANTE… EL CADÁVER DEL FUSILADO DE TIBACUY
(En el cementerio central, en un sitio especial para los no creyentes de la religión católica. Fue acompañado por una multitud… de seguidores. Entre ellos los bogas, obreros, empleados y algunas prostitutas.)
Hace tres días, que la pistola aleve de Ricardo Perdomo dio fin a la existencia de Reynaldo Matiz Trujillo. En la serena atmósfera de legendarias virtudes que blasonan la hidalga ciudad de Neiva, este luctuoso acontecimiento abre un paréntesis de ignominia que traza indeleble estigma en los dorados pórticos de ricas dinastías. Frescas están las lagrimas de una anciana madre que desde su lecho de dolor contempla a su hijo destrozado por las balas; aún se oye la armoniosa plegaria de inocentes criaturas que al enviar a su padre un beso desde su nido infantil, le dicen al mundo que a su padre se lo arrebató para siempre la furia dionisiaca; aún resuenan, hiriendo los tímpanos del alma, los desgarradores gritos de dolor que salen de un hogar que por lo humilde, es limpio. Pero fresca esta, como el corazón de Herrera, como grandiosa concreción de ineludibles leyes, la sangre de este mártir de la democracia, diciendo las generaciones que llegan, la epopeya de un doctrina que clama justicia como canon primordial de su existencia ideológica. La hora aciaga sonó ya en los fatídicos aposentos de Kiadamal; la hora de la justicia ha sonado; la hora del dolor se eterniza en el corazón de los admiradores y amigos de este bravo luchador que hace pocos días blandía su templada pluma en defensa de sus hermanos, los obreros, los buenos, los honrados, las gentes humildes, los leales servidores de la humanidad. Yo, el último de sus compañeros, renuevo en esta hora mi frase de dolor a su familia y a su causa. Y sobre la tumba de este gran hombre desaparecido quemo en el pebetero de mi sinceridad, el loto ritual de la evangélica parábola. (Música… La fosa ya esta abierta… cogen el féretro los hermanos, amigos y lo descienden hasta su última morada. En medio de las lágrimas y desgarradores llantos de sus acompañantes y familiares. Julio e Isidoro, sus hermanos, con pala en mano, se disponen a cubrir el ataúd. Los acompañantes con sus manos arrojan cada uno, un puñado de tierra.)